
La Comisión de Evaluación Ambiental (Coeva) de la región de Antofagasta, norte de Chile, aprobó de forma unánime el megaproyecto de desalación denominado “Aguas Marítimas”, promovido por CRAMSA. El proyecto, que contempla una inversión total estimada que supera los US$5.000 millones, se convertirá en la mayor planta desalinizadora del país y una de las más grandes de Latinoamérica.
La iniciativa, ingresada a tramitación ambiental en marzo de 2022, proyecta la construcción de una planta desalinizadora multipropósito al sur de la región de Antofagasta, en Caleta Bolfín, a 12 kilómetros al sur de Caleta Coloso, fuera del límite urbano de Antofagasta. La infraestructura considera un sistema de conducción de agua desalinizada de aproximadamente 480 kilómetros, 17 estaciones de bombeo, 350 kilómetros de líneas de transmisión eléctrica y 21 subestaciones.
Tiene como objetivo abastecer con agua desalinizada a las ciudades de Antofagasta, Calama y Sierra Gorda, con usos previstos en los sectores minero, agrícola, industrial y, eventualmente, también para consumo humano, mediante distribución a través de concesionarias de servicios básicos.
La compañía proyecta que en 2028 comenzará la construcción de la planta, la cual distribuirá inicialmente cerca de 350.000 m³ diarios. Esta cifra se incrementará a 700.000 m³ al completarse la construcción del proyecto.
La aprobación marca un hito al convertirse en el proyecto con el monto más alto aprobado desde 2018, cuando se dio el visto bueno a la iniciativa llamada “Quebrada Blanca”, impulsada por la firma canadiense Teck, en la región de Tarapacá.
Detrás de CRAMSA (Compañía Regional Aguas Marítimas) hay un grupo de inversionistas privados chilenos encabezados por Aguas del Desierto, que aparece como controlador con 91,9% de la propiedad, según sus estados financieros informados a la Comisión para el Mercado Financiero (CMF).
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