
El crecimiento de la minería, la transición energética y la mayor demanda regional de combustibles están impulsando el desarrollo de nuevas cadenas logísticas para carga líquida en Sudamérica. En este escenario, surge una interrogante clave: ¿Están los puertos de Chile preparados para absorber nuevos proyectos energéticos?
De acuerdo con el análisis de Logística Inteligente (LI)- Compañía especializada en logística integral end-to-end- la respuesta tiene matices. Si bien el país cuenta con una extensa costa y experiencia en operaciones portuarias, la disponibilidad de infraestructura logística especializada para nuevos desarrollos sería más bien limitada.
En los últimos meses, la firma ha realizado evaluaciones técnicas y financieras para empresas de los sectores energético, minero y químico interesadas en estructurar nuevas cadenas de suministro regionales para combustibles y otros tipos de carga líquida. Uno de los estudios se centró en alternativas portuarias para abastecer energéticamente a Bolivia, país que depende completamente de corredores logísticos internacionales debido a su condición mediterránea.
El análisis comparó opciones en Chile, Perú, Argentina y Brasil, considerando variables como infraestructura de almacenamiento, confiabilidad operativa, conectividad logística hacia el hinterland y tiempos regulatorios para nuevos proyectos.
Los resultados muestran diferencias relevantes entre la infraestructura disponible en el Pacífico y la escala logística que presentan algunos puertos del Atlántico.
Poca infraestructura disponible
José Sotomayor, gerente general de LI (en la imagen), subraya que “cuando se analiza la infraestructura existente para el manejo de carga líquida, la disponibilidad para nuevos proyectos resulta limitada”. Esto se explica porque gran parte de las instalaciones actuales están vinculadas a operaciones industriales ya consolidadas, particularmente en los sectores minero, energético y químico.
En consecuencia, iniciativas de gran escala suelen requerir el desarrollo de nueva infraestructura logística, lo que implica procesos que pueden extenderse durante varios años debido a tramitaciones regulatorias, planificación territorial y desarrollo portuario.
Un ejemplo es la Bahía de Mejillones, uno de los principales polos industriales del norte de Chile. Allí existe interés del sector privado por ampliar la infraestructura para graneles líquidos, pero el avance de nuevos proyectos enfrenta desafíos asociados a permisos, disponibilidad de terrenos industriales e integración con operaciones existentes.
Confiabilidad operativa y congestión
Otro aspecto identificado en el estudio es la confiabilidad operativa de los terminales. En algunos puertos del norte del país, episodios de marejadas pueden generar cierres temporales que afectan la programación de naves. A ello se suma que, durante periodos de mayor actividad minera o exportadora, ciertos terminales registran altos niveles de ocupación de sitios.
Para proyectos vinculados al transporte de combustibles o productos químicos —donde la continuidad logística es fundamental— variables como ventanas de atraque, disponibilidad de sitios y eventuales interrupciones operativas pasan a ser factores relevantes en la planificación y en los modelos de costos.
La escala logística del Atlántico
El análisis también comparó estas condiciones con la infraestructura existente en Brasil, donde puertos como Santos y Paranaguá operan complejos logísticos de gran escala para combustibles y químicos. De acuerdo con LI, estos hubs cuentan con extensos complejos de almacenamiento y terminales especializados, lo que permite integrar nuevos proyectos a infraestructuras ya existentes. Esto reduce significativamente los tiempos de implementación y facilita el desarrollo de plataformas logísticas regionales.
En uno de los estudios realizados, que evaluó el desarrollo de una cadena de suministro de diésel hacia Bolivia junto con South Ocean Intl. F.F., se observó que la disponibilidad de infraestructura puede ser incluso más determinante que la distancia geográfica.
En ese contexto, el análisis concluye que “la disponibilidad de infraestructura logística puede ser incluso más determinante que la distancia geográfica al momento de definir la viabilidad de proyectos energéticos”.
Un desafío estratégico
Pese a estas limitaciones, LI destaca que Chile mantiene ventajas relevantes, entre ellas estabilidad institucional, experiencia portuaria y cercanía con algunos de los principales distritos mineros de Sudamérica. No obstante, la compañía advierte que, para capturar nuevas oportunidades en sectores como combustibles, químicos o fertilizantes, será necesario avanzar en el desarrollo de infraestructura logística especializada para carga líquida.
De lo contrario, advierte el análisis, proyectos regionales de abastecimiento energético podrían terminar consolidándose en hubs del Atlántico, donde la escala logística existente permite desarrollos más rápidos y eficientes.
De este modo, en un escenario donde la logística se ha vuelto un factor clave para la competitividad industrial, la capacidad de los puertos para adaptarse a estas nuevas demandas será determinante para definir dónde se estructurarán las futuras cadenas de suministro en la región.
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