
La volatilidad dejó de ser un fenómeno temporal para transformarse en una condición estructural del comercio global. Según Maersk, las cadenas de suministro operan actualmente bajo una presión constante derivada de tensiones geopolíticas, fenómenos climáticos, cambios regulatorios e inestabilidad económica, escenario que ha reducido significativamente la previsibilidad sobre la que se construían los modelos tradicionales de planificación.
Para Maersk, esta realidad adquiere una dimensión aún más compleja en América Latina. Advierte que factores históricos como la volatilidad cambiaria, las modificaciones regulatorias, las limitaciones de infraestructura y la alta dependencia de los flujos comerciales internacionales amplifican el impacto de las disrupciones externas. En este contexto, la línea naviera sostiene que las interrupciones dejaron de ser excepcionales y pasaron a formar parte de la realidad operativa de la región.
Fragilidad operativa
Según Maersk, durante décadas la eficiencia fue el principal objetivo de las cadenas de suministro. Modelos ajustados, inventarios mínimos y procesos altamente optimizados permitieron reducir costos y aumentar productividad, especialmente en entornos estables.
Sin embargo, la línea naviera señala que esa lógica fue diseñada bajo el supuesto de que las disrupciones serían esporádicas. Hoy, con redes logísticas cada vez más interconectadas, problemas localizados pueden expandirse rápidamente y generar impactos sistémicos.
Maersk advierte que sistemas como el “Justo a Tiempo” continúan siendo eficientes bajo condiciones predecibles, pero pierden capacidad de respuesta cuando aumenta la variabilidad operacional. Incluso interrupciones menores pueden provocar efectos desproporcionados debido a la falta de flexibilidad.
En América Latina, añade Maersk, este desafío se intensifica por limitaciones estructurales persistentes. La región enfrenta brechas de infraestructura, complejidad normativa y menores niveles de desempeño logístico en comparación con estándares globales, lo que reduce la disponibilidad de rutas alternativas y dificulta ajustes operacionales rápidos.
A ello se suma el impacto creciente de fenómenos climáticos, que obligan a modificar frecuentemente rutas y planificación logística en entornos que ya presentan baja flexibilidad.
Integrar eficiencia y agilidad
Frente a este escenario, Maersk plantea que las organizaciones líderes están dejando atrás la idea de que eficiencia y agilidad son prioridades contrapuestas. En cambio, avanzan hacia modelos capaces de integrar ambas capacidades para fortalecer la continuidad operacional. “La eficiencia permite competitividad, mientras que la agilidad garantiza continuidad”, sostiene.
Según la línea naviera, la agilidad no implica improvisación, sino capacidades más avanzadas de planificación de escenarios, diseño flexible de redes y adaptación de flujos sin interrumpir operaciones críticas.
Además, agrega que este cambio también modifica la forma en que se toman decisiones logísticas. El foco deja de estar exclusivamente en optimizar funciones individuales y pasa a priorizar la continuidad, visibilidad y coordinación de extremo a extremo.
En este punto, Maersk destaca el rol de la logística integrada, señalando que la conexión entre transporte, almacenamiento, operaciones terrestres y coordinación dentro de un sistema unificado permite reducir fragmentaciones y mejorar la capacidad de respuesta frente a interrupciones.
Resiliencia como ventaja competitiva
Para Maersk, este enfoque resulta especialmente relevante en América Latina, donde la exposición a dinámicas globales se combina con restricciones estructurales locales. “Las cadenas de suministro de la región ya no pueden ajustarse de manera periódica, sino que deben adaptarse continuamente a condiciones cambiantes. En este escenario, integrar eficiencia y agilidad implica incorporar flexibilidad desde el diseño mismo de la red logística, respaldada por socios capaces de conectar flujos, datos y ejecución operativa”.
La línea naviera afirma que el valor estratégico de las cadenas de suministro ya no se mide únicamente por costos o velocidad, sino por la capacidad de mantener continuidad operacional aun en contextos de alta volatilidad.
En ese sentido, Maersk concluye que la competitividad dependerá cada vez más de la capacidad de las empresas para sostener el flujo logístico, responder con coordinación y garantizar operaciones confiables a medida que evolucionan las condiciones globales.
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