
Las cadenas de suministro en América Latina están experimentando una transformación estructural impulsada por cambios en el comportamiento de consumo, la digitalización y la evolución demográfica. De acuerdo con Maersk, la región enfrenta un escenario donde “ya no es viable una estrategia logística uniforme”, obligando a las empresas a implementar modelos diferenciados según el tipo de demanda.
Maersk destaca que los consumidores actuales no solo están modificando sus hábitos de compra, sino también elevando sus expectativas en términos de conveniencia, visibilidad y cumplimiento, lo que impacta directamente en el diseño de redes, niveles de servicio y planificación operativa.
Consumo dual
Uno de los principales fenómenos es la polarización del consumo entre bienes esenciales y categorías asociadas a valor experiencial. En el segmento de productos básicos, la inflación ha reducido el poder adquisitivo —con caídas cercanas al 25% desde 2020—, impulsando compras más frecuentes, de menor volumen y con foco en precios.
En este contexto, Maersk señala que “los consumidores priorizan estabilidad, eficiencia y reposición confiable”, lo que exige operaciones logísticas simplificadas, con rutas directas, menor manipulación y ciclos de suministro predecibles.
En contraste, los denominados “pequeños lujos” —como moda, belleza, electrónica y accesorios— continúan creciendo, especialmente en el e-commerce, en una región que ya supera los 300 millones de compradores digitales. Aquí, “la velocidad, la precisión y la visibilidad en tiempo real pasan a ser parte del valor del producto”, indica la compañía, elevando la exigencia sobre los operadores logísticos.
Ambos modelos deben coexistir —incluso dentro de un mismo hogar—, lo que obliga a adaptar redes, promesas de servicio y estándares operacionales según el rol de cada producto.
Envejecimiento demográfico
A esta dinámica se suma el acelerado envejecimiento de la población. Actualmente, cerca de 65 millones de personas en América Latina superan los 65 años, cifra que podría duplicarse hacia 2035, generando impactos directos en la planificación logística.
Según Maersk, este cambio impulsa redes basadas en proximidad, con mayor desarrollo de microcentros logísticos, dark stores y puntos de retiro, además de una planificación de la demanda a nivel de barrios o “microclusters”. En este segmento, la confiabilidad supera a la velocidad, con entregas en ventanas acotadas, seguimiento simplificado y menor margen de error.
El envejecimiento también impacta en la disponibilidad de mano de obra, con dificultades para reemplazar conductores y menor ingreso de trabajadores jóvenes, lo que acelera la automatización, la optimización de rutas y el uso eficiente de activos.
Asimismo, los consumidores mayores tienden a realizar pedidos más pequeños pero frecuentes, incrementando la densidad de entregas y la necesidad de rutas estandarizadas para sostener la rentabilidad.
Estrategia integrada
En un entorno de crecimiento más moderado, Maersk subraya que la asignación de capital se vuelve más selectiva, priorizando inversiones en densificación de redes, automatización y mejoras en confiabilidad, evitando sobrecapacidad.
“Los distintos segmentos de consumidores exigen definiciones diferentes de buen servicio”, advierte la compañía, donde los bienes esenciales requieren eficiencia, los productos experienciales demandan rapidez y calidad, y las poblaciones envejecidas privilegian proximidad y certeza.
En este escenario, el éxito logístico dependerá de integrar datos demográficos y conductuales en la planificación, desarrollar redes de proximidad, optimizar rutas y gestionar múltiples modelos de servicio bajo una estrategia coherente.
“América Latina entregará cada vez menos por distancia y más por diseño”, concluye Maersk, sintetizando el cambio hacia una logística más segmentada, flexible y centrada en el cliente.
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