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México registra en 2025 un cambio estructural en su base exportadora de graneles, con una oferta cada vez más limitada a pesar del crecimiento moderado en los volúmenes totales. Según el último reporte de BRS Weeky Tanker, entre enero y octubre de este año, las exportaciones sumaron 10,65 millones de toneladas, un alza interanual de 5,7%, impulsada por el acero y algunos minerales, aunque con caídas pronunciadas en productos clave como el mineral de hierro.
Los minerales industriales siguen siendo el segmento predominante, con 8,6 millones de toneladas embarcadas en los primeros diez meses de 2025. Sin embargo, la composición interna confirma una transición estructural.
El caso más evidente es la sal. Históricamente el principal producto de granel del país, cayó cerca de 46% hasta 2,9 millones de toneladas, debido a estándares más estrictos de pureza aplicados por compradores en Japón y Taiwán y a filtros ambientales más rigurosos en Estados Unidos y Asia. Esto limitó la participación mexicana en las rutas de larga distancia del Pacífico.
El concentrado de cobre se mantuvo firme con 2,13 millones de toneladas (+6,5%), apoyado por la demanda china vinculada a los sectores de vehículos eléctricos, baterías y redes eléctricas. Las reformas mineras de 2024 en México, que introdujeron controles más severos de agua, trazabilidad y cumplimiento ambiental, ampliaron los tiempos de extracción, pero sin afectar la continuidad del suministro.
El yeso retrocedió 1,7% hasta 1,57 millones de toneladas, afectado por la menor actividad de construcción en Estados Unidos, destino casi exclusivo de este producto. La falta de mercados alternativos significativos y una mayor demanda doméstica para paneles de yeso reducen la capacidad de desvío.
Otro ajuste mayor se observa en la piedra caliza dirigida a Estados Unidos, que salió prácticamente del mercado a partir de 2022 por nuevos parámetros de pureza y normas de permisos. El vacío se ha cubierto con suministros de Canadá, el Caribe y recursos internos estadounidenses.
En contraste, el coque de petróleo (petcoke) se convirtió en el producto de mayor expansión: los embarques aumentaron cerca de 300% hasta 948 mil toneladas en 2025, gracias al mayor procesamiento del sistema refinador mexicano y la entrada en operación de la refinería Olmeca. India absorbió alrededor del 42% de los cargamentos.
Cambios en la demanda por tipo de buque
Los ajustes en volúmenes y destinos han modificado el uso de capacidad marítima:
El acero repunta con fuerza
El acero mostró la recuperación más notable de 2025: las exportaciones crecieron 65% interanual hasta 1,77 millones de toneladas, impulsadas por la actividad manufacturera de Estados Unidos y una mayor utilización de capacidad en plantas mexicanas.
El dinamismo se concentra en productos semiterminados (especialmente planchón) que representan cerca de dos tercios de los embarques. Esto responde a la estructura del mercado norteamericano, donde muchas acerías operan como laminadores y dependen de planchón importado para sus procesos.
La contribución de los aranceles estadounidenses se ha mantenido limitada, ya que el cumplimiento de las reglas de origen del USMCA (tratado de libre comercio entre EE. UU., México y Canada) permite el acceso libre de tarifas a materiales que acreditan fundición y colada en Norteamérica.
Por su parte, el mineral de hierro cayó 71%, reflejando una disponibilidad exportable más baja por normas ambientales, controles de trazabilidad y estándares de compra más estrictos. Autoridades mexicanas han prolongado los ciclos de permisos y reducido los volúmenes autorizados para exportación. Para 2025, los embarques se han vuelto esporádicos, con reducciones marcadas en cargas Supramax y ausencia de movimientos Panamax o Capesize destinados a este producto.
Perspectivas
La combinación de mayores exigencias regulatorias, cambios ambientales, nuevos estándares de calidad y un mercado norteamericano determinante está moldeando una base exportadora mexicana más acotada, con desplazamiento hacia productos de mayor cumplimiento técnico (como cobre y acero) y nuevas corrientes vinculadas al sector energético (como el coque de petróleo).
Este reordenamiento sugiere que la contracción en la oferta exportable no es solamente un fenómeno cíclico, sino un proceso estructural que continuará impactando las rutas y el empleo de flota en los próximos años.
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