
En un contexto donde los cuellos de botella logísticos en América Latina siguen afectando la competitividad, los centros de pensamiento —o think tanks— especializados en la materia, como los observatorios logísticos, comienzan a posicionarse como actores estratégicos para impulsar soluciones estructurales. Así lo plantea Javier Franco, director del Observatorio de Logística y Cadena de Suministro de la Universidad Externado de Colombia, quien destaca el valor de estos espacios para generar análisis independientes y propuestas concretas.
“No hay muchos centros de pensamiento en el sector en los que verdaderamente se combine la academia con la industria e incluso con los actores públicos, menos aún para abordar problemáticas desde la perspectiva legal”, afirma Franco, subrayando el carácter aún incipiente de este tipo de iniciativas en la región. A su juicio, la principal fortaleza de estos espacios radica en su capacidad de actuar como eje en el que distintas visiones se integran para abordar los problemas logísticos desde una perspectiva sectorial y no fragmentada.
En ese sentido, enfatiza que el objetivo es “dejar afuera la camiseta de cada cual y empezar a pensar como sector, es decir, cómo producimos más como país y como región”. Esta lógica resulta especialmente relevante en América Latina, donde la coordinación entre actores suele verse limitada por intereses particulares o visiones políticas de corto plazo.
Uno de los elementos diferenciadores del Observatorio que dirige Franco es su enfoque legal, menos común en iniciativas de este tipo, tradicionalmente centradas en datos técnicos. “Lo nuestro es más de digestión y análisis transversal de las problemáticas, buscando la formulación de política pública, pero también la modificación normativa”, explica. Esto implica no solo identificar problemas, sino también avanzar hacia propuestas concretas que puedan traducirse en cambios regulatorios.
“El resultado tangible es que un funcionario pueda ver recomendaciones concretas, con referentes internacionales, ventajas y problemas claramente identificados”, añade. Este tipo de insumos permite a los tomadores de decisiones contar con una base más sólida y menos sesgada para diseñar políticas y modificaciones normativas en el futuro.
Desconexion academia-industria
Otro aspecto central es la composición multidisciplinaria de estos espacios. Franco destaca la importancia de reunir a “expertos con diferentes perspectivas: abogados, gremialistas, académicos y sector público”, lo que permite obtener resultados “menos presionados por razones políticas o económicas” y orientados al bienestar general del sistema logístico.
En la práctica, estos centros buscan cerrar una brecha histórica en la región: la desconexión entre academia e industria, sostiene Franco, señalando que muchos estudios académicos no logran impactar en la realidad operativa. Frente a ello, el modelo del observatorio propone trabajar sobre problemas concretos del sector, como costos logísticos, brechas en digitalización o sostenibilidad del sector, y no sobre conceptos abstractos.
Este enfoque aplicado también se traduce en una metodología orientada a resultados. “La idea es darle la vuelta a un problema en pocas páginas y que el colectivo esté de acuerdo en una o dos recomendaciones concretas. No se trata de estar de acuerdo en todo, se trata de conectar en lo fundamental”, explica. El siguiente paso, agrega, es avanzar hacia propuestas aún más concretas, como borradores de artículos o propuestas normativas específicas que permitan destrabar cuellos de botella.
Articulación entre actores públicos y privados
Javier Franco plantea que el diálogo debe trascender los ciclos políticos y enfocarse en el largo plazo: “Más que trabajar para un gobierno determinado, debemos pensar en soluciones para el Estado o para la región”. Asimismo, enfatiza la necesidad de que los actores privados participen con una disposición más colaborativa.
En cuanto al uso de datos, reconoce que la disponibilidad de información es fundamental, aunque aún presenta desafíos a nivel regional. “Hablar de logística sin data es como hablar de pan sin harina”, afirma, destacando el aporte de los gremios en la provisión de información crítica para mapear problemas y sustentar las recomendaciones del Observatorio.
Finalmente, Franco proyecta un rol creciente de estos centros en la integración regional. Si bien en nuestra región existen algunas iniciativas y estructuras como la Alianza del Pacífico o la Comunidad Andina de Naciones, considera que aún falta aprovechar plenamente su potencial para generar estrategias logísticas que agreguen valor de manera más efectiva.
En este escenario, los centros de pensamiento aparecen como catalizadores de una nueva forma de abordar los desafíos del sector. “Es un gana-gana para todos: la industria, el Estado y la universidad”, concluye Franco, destacando que la evolución del rol académico será clave para responder a las demandas de una logística cada vez más compleja y estratégica para el desarrollo de América Latina.
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