
El mercado marítimo tanquero enfrenta uno de sus escenarios más complejos de los últimos años, marcado por la creciente inestabilidad en torno al Estrecho de Ormuz y la falta de avances diplomáticos entre Estados Unidos e Irán. De acuerdo con el análisis de BRS Tanker, las expectativas de una rápida normalización del tránsito tras el reciente alto al fuego “fueron equivocadas”, y hoy “se anticipa que habrá poco o ningún tránsito comercial en el Estrecho en el futuro previsible”.
El deterioro del escenario responde, en gran medida, al endurecimiento de las posturas políticas. La reciente ronda de conversaciones entre Washington y Teherán concluyó sin acuerdos, lo que “no fue una sorpresa” considerando la distancia entre ambas partes. En este contexto, BRS Tanker advierte la prolongación de la incertidumbre sobre uno de los principales cuellos de botella del transporte marítimo energético global.
Aunque en los últimos días no se han registrado nuevos ataques directos, el informe describe la situación como un “silencio incómodo” que podría romperse rápidamente. En particular, advierte que, de reanudarse las hostilidades, “los tanqueros y la infraestructura energética clave estarán directamente en la línea de fuego”. Este riesgo no es menor: eventuales daños a instalaciones de producción o exportación podrían afectar “la recuperación de las exportaciones de petróleo de Medio Oriente y la demanda de transporte tanquero mucho después de que Ormuz reabra”.
El factor geopolítico se agrava con nuevas tensiones en torno al control del estratégico paso marítimo. La propuesta iraní de cobrar tarifas a buques de países considerados hostiles fue calificada por actores regionales como una “extorsión”, mientras que la respuesta estadounidense —incluyendo el bloqueo a puertos iraníes— eleva el riesgo de incidentes en alta mar. A ello se suma la amenaza de minado del estrecho, lo que, de confirmarse, implicaría que cualquier operación de despeje “tomaría al menos varias semanas y requeriría un esfuerzo internacional coordinado”.
Tránsito de barriles se reduce a un goteo
En términos de mercado, el impacto ya es evidente. Antes del alto al fuego, entre 0,7 y 1 millón de barriles diarios transitaban por Hormuz; hoy ese volumen “se ha reducido a un goteo” y podría desaparecer completamente. De hecho, BRS Tanker señala que algunos buques cargados han optado por revertir su ruta, ante la creciente inseguridad. “Es poco probable que cualquier buque intente transitar Ormuz”, advierte el reporte, especialmente considerando el riesgo de incautaciones en el marco de la disputa.
Este shock en la oferta ha comenzado a reflejarse en los fletes, aunque de manera desigual. Mientras las tarifas de tanqueros de crudo en el Atlántico han caído entre 20% y 30% desde fines de marzo, las de productos “limpios” se han mantenido firmes o incluso al alza. Sin embargo, el arribo masivo de buques en lastre desde Medio Oriente anticipa una presión adicional a la baja. Según BRS Tanker, “las tarifas podrían eventualmente caer por debajo de los niveles observados a comienzos de año”, con especial impacto en los VLCC, dado que las exportaciones de crudo de Medio Oriente han caído cerca de un 65% desde el inicio del conflicto.
No obstante, algunos factores compensatorios emergen desde el Atlántico. Las exportaciones de crudo de EE. UU. hacia Asia y Europa han mostrado dinamismo, alcanzando recientemente máximos de dos años. Aun así, este impulso podría ser transitorio frente a un escenario global cada vez más frágil.
En perspectiva, el riesgo más relevante es macroeconómico. BRS Tanker advierte que, sin una pronta reapertura de Ormuz, “aumentan las probabilidades de una recesión global”, lo que impactaría directamente en la actividad marítima. En paralelo, la destrucción de demanda de petróleo “ya comienza a manifestarse”, particularmente en Asia donde ya está en desarrollo y, más recientemente, en Europa.
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