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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decidió extender por 90 días, hasta principios de noviembre, la suspensión de los aranceles más altos sobre la importación de bienes chinos, una medida que estabiliza temporalmente las relaciones comerciales entre las dos mayores economías del mundo, reporta Bloomberg.
Según una fuente cercana, Trump firmó la orden que prolonga el acuerdo alcanzado en mayo, por el cual ambos países redujeron los aumentos arancelarios y suavizaron restricciones a exportaciones de imanes de tierras raras y ciertas tecnologías. El acuerdo original expiraba este martes 12 de agosto.
Más temprano, al ser consultado sobre la extensión, Trump respondió: “Veremos qué pasa. Hemos estado tratando muy bien con China”.
Evitar un nuevo choque comercial
De no haberse renovado la tregua, las tarifas estadounidenses a productos chinos habrían escalado hasta al menos 54% desde la medianoche en Nueva York. El acuerdo también da tiempo para discutir asuntos pendientes, como los gravámenes vinculados al tráfico de fentanilo impuestos por Washington, las preocupaciones sobre la compra china de petróleo ruso e iraní sancionado y las condiciones para la operación de empresas estadounidenses en China.
La extensión surge tras negociaciones en julio en Estocolmo, encabezadas por el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, y el viceprimer ministro chino, He Lifeng, el tercer encuentro de alto nivel en menos de tres meses. Trump podría incluso visitar China a fines de octubre, coincidiendo con una cumbre internacional en Corea del Sur.
Este año, las tensiones comerciales llevaron los aranceles estadounidenses a importaciones chinas hasta 145%, mientras Pekín limitó el acceso a imanes críticos para fabricantes estadounidenses. El acuerdo de mayo redujo las tarifas de EE.UU. a 30% y las chinas a 10%, reanudando además las exportaciones de tierras raras.
Señales mixtas hacia el sector tecnológico
La disposición de Trump a negociar con China preocupa a sectores de seguridad nacional, que lo acusan de no endurecerse frente al principal rival geopolítico del país. Empresas como Nvidia y AMD lograron licencias de exportación a cambio de pagar al Gobierno estadounidense 15% de sus ingresos por ventas de ciertos chips de inteligencia artificial a China.
Trump también se mostró abierto a permitir la venta de una versión reducida del chip más avanzado de Nvidia: “Es posible que haga un acuerdo”, dijo. En paralelo, pidió a Pekín cuadruplicar sus compras de soja estadounidense, medida que- según señaló- ayudaría a reducir el déficit comercial con China.
El papel de las tierras raras
Uno de los ejes centrales de la negociación es cómo mantener una relación comercial estable mientras se aplican barreras como aranceles y controles de exportación para frenar el avance del otro en sectores estratégicos como baterías, defensa y semiconductores.
China comenzó a normalizar sus exportaciones de imanes de tierras raras en junio, mientras que EE.UU. anunció que aprobaría el envío de un semiconductor para IA que había bloqueado.
El representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, quien participó en las conversaciones de Estocolmo, declaró que se busca garantizar que “los imanes de China a Estados Unidos y la cadena de suministro adyacente puedan fluir con la misma libertad que antes del control”, y estimó que “estamos a mitad de camino”.
De acuerdo con datos aduaneros, el flujo de imanes desde China hacia EE.UU. subió de 46 toneladas en mayo a 353 toneladas en junio, aunque aún está lejos de los niveles previos a las restricciones impuestas en abril.
Temas pendientes y nuevas presiones
Pese a la relajación de controles de exportación por parte de EE.UU., la venta de chips avanzados sigue siendo un punto de fricción. A fines de julio, las autoridades chinas citaron a Nvidia por supuestas vulnerabilidades de seguridad en su chip H20.
En paralelo, las negociaciones con China se desarrollan de forma independiente a otros diálogos comerciales de la administración Trump, que avanza en la implementación de aranceles “recíprocos” y gravámenes sectoriales a otras economías.
Las tarifas estadounidenses del 30% a China se componen de un 20% asociado al fentanilo y un 10% de cargo base, adicionales a aranceles ya existentes desde el primer mandato de Trump.
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